(o la ironía del destino)
En esta ocasión un venado se fugó del Parque de los Venados y llegó al Parque Hundido. En el momento en que se reunían los biciperros para la salida, el venado se acercó a la fuente para tomar agua y miró su reflejo. "¡Caramba!", pensó el venado, "¡qué hermosos cuernos tengo! ¡Cómo me gustan mis cuernos! Mis patas, en cambio, son largas y flacas y feas."
En ese momento lo descubrió Don Raúl y comenzó a dar aviso al grupo, pero todos pensaron que era broma. No fue hasta que el venado salió corriendo del parque cuando la jauría de los biciperros salió en su persecución.
Durante un par de horas el venado pudo mantenerse alejado de los biciperros, y no fue hasta llegar a San Pedro Actopan que sus cuernos se atoraron en una reja y quedó atrapado.
Mientras los biciperros lo rodeaban y sujetaban para regresarlo al Parque de los Venados, el animal pensó, "¡Cómo me he equivocado con elogiar a mis cuernos que han sido mi perdición! Y mis patas, que tanto desprecié, ¡han sido mi mejor aliado!"
Entérese de la ironía del destino y la moraleja que lo acompaña en esta fotocrónica por las calles de la Ciudad de México.
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