De La Raza al

Bosque de Chapultepec

de San Juan de Aragón

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El recorrido por territorios desconocidos en busca del Bosque de Chapultepec de San Juan de Aragón, comienza en la Calzada Vallejo, frente al Centro Médico La Raza. En este punto hay un semaforo que permite el paso de peatones y ciclistas, mientras los automovilistas se entretienen con el faquir que se acuesta sobre vidrios.


Entre la calzada Vallejo y el Eje Central Lázaro Cárdenas Norte el derecho de vía está invadida por los automóviles que circulan en sentido contrario. No obstante, parece existir suficiente espacio junto a la vía del tren para avanzar en la bicicleta, y nos aventuramos a averiguarlo.


Pasando la Avenida de los Cien Metros, la tranquilidad que ha caracterizado el derecho de vía desde Polanco permea el ambiente. Adelante se distingue una gran avenida y avanzamos para saber cuál es.


Hemos llegado a la Avenida Insurgentes y aquí no hay más opción que utilizar el paso a desnivel para peatones.


Bajar en bicicleta por las escaleras es toda una aventura para los que disfrutan de la adrenalina. La falta de una rampa demuestra que el discurso político de igualdad de oportunidad para minusválidos es sólamente un discurso.


Una vez salvado el obstáculo que representa la Avenida de los Insurgentes, continuamos por el territorio desconocido. El miedo a las bandas de guerreros punk nos aterra, pero vemos que a un lado de la vía ferrea continua la cinta asfáltica. El otro lado es de tierra.


Más adelante un taller de neumáticos invade el derecho de vía, pero sin obstruir la circulación. La gente se ve normal y por ningún lado vemos señales de peligro.


Nos acercamos para ver los detalles de un par de automóviles de colección que están estacionados junto a la vía ferrea. Nos detenemos un momento para preguntar por qué no están al buen resguardo de un museo. El mecánico se apresura a resolver nuestra duda.


Y aunque estamos en la hora de más tráfico en la ciudad, la ruta se caracteriza por su tranquilidad. A la distancia se oye el rumor de los autos en movimiento.


El asfaltado junto a la vía continua para el gusto de rodar. Vemos una muchachos que podrían ser banda si no fuera porque están jugando a las canicas.


Cruzamos una importante avenida, sin imaginar los problemas que nos esperan.


Parece que la superficie de rodamiento está compartido con los automoviles de los vecinos, que la utilizan para entrar y salir de sus cocheras. Pero lo que nos espera adelante es distinto.


Los vecinos han colocado y pintado obstáculos para que sólo puedan pasar por allí las bicicletas. Cualquiera diría que en este rincón olvidado por el gobierno, lo que reina es la organización vecinal anarquista. Unos kilómetros más allá tendremos la respuesta.

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